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A los negocios de piñatas y festejos de la Octava, la pandemia les aguó la ‘fiesta’
Los comerciantes de este sector de Cúcuta, en la avenida octava entre calles 9 y 12, hacen su mayor esfuerzo para que la COVID-19 no los saque del ‘baile’.
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Magaly Rubio
Magaly Rubio
Miércoles, 21 de Abril de 2021

En un mismo espacio conviven superhéroes y villanos, princesas y brujas malvadas, extraterrestres y personajes de ficción. Todos están ahí, esperan que alguien pregunte por ellos. Eran los de moda, los favoritos de grandes y chicos, pero con la nueva normalidad ya no son el furor. No se trata de un cuento, ahora, esa es la realidad de cientos de comerciantes del sector de las fiestas, piñatas y eventos que por tradición han ocupado la avenida octava entre las calles 9 y 12.

Esta actividad comercial, al igual que muchas otras, la afectó la pandemia generada por el coronavirus. Del bullicio de la gente preguntando precios y mandando a empacar, solo queda el recuerdo y se conserva la esperanza de que todo, en un futuro no muy lejano, regrese a la normalidad.

“No teníamos día malo”, cuenta Brayan Palacio, quien está en el negocio de las piñatas hace 20 años. “Aquí en Cúcuta celebramos todo y eso para el negocio era bueno”, prosigue.

Con nostalgia recuerda que tuvo que dejar de llamar a cinco de sus empleados porque “el negocio no daba para tenerlos. Las ventas estaban muy bajas”.

Durante los meses de cuarentena estricta, el negocio estuvo parado. “Había mucho miedo por lo que pudiera pasar, pero después, con el tema de abrir en horarios, la situación, aunque no mejoró mucho, al menos, daba la sensación de haber vuelto”.

Y luego llegó la reapertura, sin embargo, el panorama no fue distinto.

Esperaban que las ventas repuntaran en Navidad, que suele ser la época de mayor actividad, pero en diciembre se mantuvieron las restricciones y nada logró retomar las ventas en su esplendor.

Las fiestas o reuniones pasaron de 100 y 200 personas a 10 o 5 personas. Si antes una persona se gastaba $200.000 en la decoración y demás accesorios para una celebración, ahora con $30.000 o $50.000 es suficiente.

“En época normal, un ‘día malo’ se cerraba con una venta mínima de $ 300.000. Hoy, llegar a vender ese mismo valor, es un ‘superdía’. Nuestra recuperación no ha llegado ni al 40 %”, reconoce Palacio.

La pandemia afectó los negocios del sector de fiestas Sin reuniones sociales, los piñateros han visto caer sus ventas. Para sobrevivir, algunos han incorporado a su elenco nuevos personajes.

El temor continúa

Otro de los factores que ha impedido que las ventas se recuperen del todo es el temor de la gente a contagiarse.

“Nosotros mantenemos todas las medidas de bioseguridad exigidas para seguir trabajando, pero la gente no se atreve a ver que todo está volviendo a la normalidad. Hay mucho miedo todavía”, comenta María Sánchez, otra vendedora.

Además, la restricción en la congregación de personas tampoco permite venta en gran escala.

“Antes hacíamos decoraciones, ahora, solo vendemos los insumos. El panorama es complejo, pero creemos en que se puede recuperar. Esto es algo tradicional”, agrega Palacio.

La realidad en los concurridos andenes es otra. Las personas caminan rápido, con tapabocas. No se detienen a detallar todo lo que sus ojos ven y que antes podría llamar su atención.

Los letreros de felicitaciones, las bombas de colores y las piñatas colgantes en las vitrinas no son suficientes para impactar a los transeúntes.

Han tenido que, de a poco, transformarse. Del grito en la calle para impulsar las ventas tuvieron que migrar a la foto con texto en las redes sociales.

A través de esos canales lograron mantener algunos de los clientes que en medio de la pandemia se animaron a festejar las fechas especiales en casa.

Del Gobierno no han recibido ningún alivio. Solo han contado con la buena voluntad de algunos arrendatarios que han entendido la crisis y se adaptaron para no tener que llegar al extremo de cerrar, como tuvieron que hacerlo algunos, lo más pequeños.

En 2020, año atípico por la COVID-19, el número de micronegocios existentes en Cúcuta se redujo un 13,4 % en 2020. El DANE había reportado 97.937 unidades económicas en 2019, pero la cantidad disminuyó a 84.858 el año pasado. Alrededor de 13.079 micronegocios cerraron por efecto de la pandemia.

En el trimestre diciembre2020-febrero2021, Cúcuta se convirtió en la ciudad colombiana con mayor número de desempleados dentro de la fuerza laboral, al registrar una tasa de 22,3 %, similar a la del mismo periodo del año anterior, pero por encima de la de Quibdó (22,1 %) y la de Ibagué (21,5 %) que lideraban la lista. Además, Cúcuta también lidera la tasa de informalidad (72,5 %).

El optimismo es alto entre los vendedores de la calle octava. Son fieles creyentes de que el sector se va a ir recuperando, pero son conscientes de que eso va a ser proporcional a la sensación de seguridad que se pueda generar la pandemia.

“Si los casos siguen subiendo y los picos altos siguen, nosotros vamos a seguir igual, pero si la situación mejora, nosotros también mejoramos”, dice Sánchez.

Mientras las medidas se lo permitan, ellos seguirán listos para ‘armar la fiesta’ y en las paredes seguirán los afiches recordando la medidas de bioseguridad y las cintas amarilla de alerta para no bajar la guardia.

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