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Evite ser un 'incendiario' en las redes sociales
Lo virtual puede tener consecuencias en lo real. Expertos hablan de los riesgos de compartir información falsa.
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Colprensa
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Miércoles, 5 de Mayo de 2021

Las redes sociales se han convertido en un altavoz de la ciudadanía. Según el estudio Digital Global Overview Report 2021, colombianos entre 16 y 64 años las usan en promedio 3 horas y 45 minutos al día. En estos espacios comparten noticias, videos, fotos, gifs y memes. También mentiras y verdades.

Por ejemplo, el 30 de abril circuló en redes sociales un video en el que se ven usuarios del Metro de Medellín evacuando la estación Parque Berrío por un supuesto incendio. Ante esto, la empresa aclaró que el incidente fue producto del gas lacrimógeno durante las manifestaciones y que no generó problemas para los usuarios. Así como este, en Whatsapp, por estos días, han circulado algunos videos violentos, de fechas anteriores o de otras ciudades, que le suman angustia a la crisis actual.

¿Cómo llega esta información fuera de contexto a usted? se debe a que la estructura de estas plataformas digitales se basa en algoritmos (normas de programación) que determinan qué tan relevantes son los contenidos para las personas, y quienes comparten información a través de ellas impactan las emociones para lograr esa viralización.

El miedo y la rabia, por ejemplo, son emociones que se viralizan muy fácil, porque vienen asociadas a conductas primitivas, lo explica el estudio Noticias falsas en Internet: la estrategia para combatir, publicado por la Universidad Palermo, Argentina.

“En Colombia por un lado está el tema del miedo, muy asociado a nuestra supervivencia humana, y por el otro la indignación”, confirma María José Castaño, experta en comunicación digital y reputación.

En parte ese juego con la emocionalidad le suma al fenómeno de compartir información sin dudar de ella, que se le conoce como sesgo de confirmación y se da, como explica Wilson López, psicólogo social e investigador científico, porque “es más cómodo, más eficiente, que trastocar la propia forma de ver el mundo”.

Lo que ocurre luego, al compartir un video, por ejemplo, sin tener claro el contexto, es que se desinforma y se crea una percepción errada sobre una situación o una persona. “En estos casos se generan las llamadas ‘burbujas’: percepciones de que hay una realidad, que necesariamente no es cierta. Eso tiene un impacto en la vida real porque la información que uno consume determina la toma de decisiones”, asegura la experta en comunicación e influencer.

El problema no es solo individual, con el alcance de las redes sociales rápidamente se masifica la información (en Colombia hay 35 millones de usuarios activos, dice el Digital Global Overview Report 2021), es por esto que una noticia falsa puede contribuir a la pérdida de confianza en las instituciones. En general, como lo explica Jonny Orejuela, Jefe del departamento de psicología de la Universidad Eafit, la persona que piensa que un contenido de redes le revela que ha sido engañada, puede sentir desconcierto, y rechazo, porque eso en lo que creía no cuadra con su realidad y es un impacto grande.

De allí salen casos históricos, como lo explica David Santos, profesor de política internacional: “Lo que vimos con el Brexit, ya que se dio información sesgada para que la gente saliera a favor de la salida del Reino Unido de la Unión Europea, y más recientemente durante la presidencia de Donald Trump”. El candidato hizo acusaciones de fraude, rápidamente difundidas por redes, que no pudieron corroborarse.

El poder de las palabras

Cuando más atento debe estar el ciudadano de su rol al compartir información es en momentos críticos como este que estamos viviendo y abunda la desinformación. Por eso, Renata Cabrales, experta en redes sociales de la Universidad Externado, recomienda verificar al extremo para que al compartir información nadie se convierta en un generador de temor y desasosiego, cosa que ocurre si una publicación está plagada de mentiras y tiene un sesgo.

“Hay videos que muestran hechos y acontecimientos que saltan a la vista, pero es mejor es esperar a que un medio de comunicación confirme los datos, pues estos están preparados para hacer el paso a paso de la verificación”, recomienda e invita a reflexionar sobre el contenido, distribuido de manera parcial o total, sea foto, video o audio, que puede haber sido manipulado intencionalmente.

“La desinformación viene desde hace muchísimo tiempo, pero ahora por el nacimiento y el auge de las redes sociales se ha incrementado. Es difícil contrarrestar una información falsa, es como una bala, después de dispararse se tiene una consecuencia, le pega a alguien, cayó en una ventana, se hace un daño”, añade.

Una forma de mitigar esta problemática es “que los ciudadanos busquen intérpretes, porque son ellos los que se apoyan en la pluralidad, la diversidad de voces, la proporción, para intentar comprender realidades complejas”, así lo dice el profesor universitario y magister en periodismo digital, Walter Arias Hidalgo.

También aclara que hay que “salir del espacio de confort”, evitar las recomendaciones del algoritmo, que tienden a seguir los gustos personales y buscar “otras miradas, otras visiones, así me incomoden o vayan en contravía de mis ideas”, generando de esta manera un contraste que le permita validar la información falsa o parcializada.

No olvidemos que estos medios de interacción se prestan para manifestarse, muchas veces sin pensarlo dos veces antes de entender la repercusión de cada acto. Para Diego Santos, consultor digital, “es un campo donde el debate lo puede dar todo el mundo con apenas 280 caracteres sin necesidad de ir más allá y profundizar. Esa anarquía de las redes sociales poco a poco se va apoderando de las calles, ese miedo. Y la violencia, en gran parte, se coordina y nace desde estos espacios virtuales”.

Para terminar con esta problemática de la desinformación en medios virtuales, según él, se requerirá de muchos años. Todo depende de encontrar una herramienta que pueda “ayudarnos a censurar las noticias falsas en comunidad”.

Por ahora, que los ciudadanos den como ciertas noticias falsas y las compartan ponen en riesgo las democracias y las libertades, por este motivo es vital aprender a reconocer la información verdadera, contrastarla y no propagar las mentiras

Emociones, intereses y hasta su zona de confort son los espacios que le permiten movilidad a las noticias falsas que, al masificarse, pueden generar desinformación y caos en la vida real.

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