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Autonomía económica, alternativa para romper el yugo contra la mujer en Norte de Santander
A través de las Escuelas Taller se dictan cursos sobre diferentes oficios que pueden ayudar a muchas mujeres a emprender o acceder a ofertas laborales dignas.
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María José
María José Salcedo
Categoría nota
Lunes, 11 de Marzo de 2024

Desde la venta de cabello, el préstamo de su cuerpo para el tráfico de drogas, hasta la prostitución. De todas las formas imaginables o inimaginables, Norte de Santander es el departamento en el que más se “consume” el cuerpo de la mujer como producto comercial. 

Así lo afirmó Ana Vera, directora de la Corporación Denuncia y Muévete, y representante de la Ley 1257 contra las violencias de género, durante el conversatorio Trabajo Digno y Autonomía Económica para las Mujeres, organizado a propósito del Día Internacional de la Mujer. 

La situación se da en un contexto país donde apenas un poco más del 40% de la población femenina tiene acceso a un empleo formal, por lo que el 60% restante pasa a un sector vulnerable, al quedar a expensas de la informalidad o la dependencia económica de su pareja, escenarios dentro de las cuales se terminan configurando casos de maltrato físico y psicológico. 

Frente a este panorama las Escuelas Taller de Colombia, un programa nacional impulsado desde el Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes, surgen como la alternativa para las mujeres que buscan la autonomía económica, el primer paso hacia la liberación de todas las formas de violencia. 

A través de las escuelas taller se imparte formación en oficios tradicionales que hacen parte del patrimonio cultural, con el objetivo de preservarlo y salvaguardarlo, pero al mismo tiempo de impulsar a las mujeres a desarrollar sus propios emprendimientos a partir de sus nuevos saberes. 

“Es importante que reconozcamos que parte de las acciones afirmativas para salir de una vida violenta, o para poder tener una vida libre de violencias, pasa porque las mujeres tengamos una autonomía económica y es lo que queremos impulsar desde el proyecto”, dijo Diana Janeth Ortiz López, coordinadora nacional del programa. 


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“Sí creemos que el arte y la formación de habilidades para la vida son importantes para mejorar su vida, pero para que salgan de esas situaciones de violencia y que puedan acceder a la autonomía, es importante plantearnos de una estructura que permita acabar totalmente la violencia machista porque nos estamos quedando en la superficialidad”, apuntó Ana Vera.

La mujer migrante

El programa Escuela Taller está concebido para empoderar a la mujer colombiana, pero en el caso de Norte de Santander ha sido el gran aliado de la mujer migrante, que lleva la peor parte en el entorno de explotación descrito previamente como consecuencia de su condición irregular. 

Por esta razón,  más de la mitad de participantes que asisten a los procesos de formación que se desarrollan en el departamento corresponde a  población migrante, según datos proporcionados por la coordinadora nacional del programa. 

“No he conocido todavía a la primera mujer que vea la explotación como medio de vida”, dijo Catherine Crespo, directora de la Fundación Mercedes Ábrego, una de esas migrantes venezolanas que logró sobrevivir a la trata  gracias al programa de las escuelas taller. 


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Desde su experiencia, habla de la necesidad extrema que lleva a muchas mujeres –como ella en su momento- a tener que “monetizar” su cuerpo para poder sobrevivir y llevar un sustento a su hogar, pero descarta que esto sea un motivo de orgullo para aquellas que lo ejercen, por eso se hace eco de la petición expresa al gobierno nacional para que “nos puedan brindar trabajos dignos de verdad”. 

De economía informal a economía popular

Desde la Escuela Taller se promueve el aprendizaje de oficios que estén vinculados a determinadas regiones a razón de que puedan tener beneficios económicos inmediatos, por ejemplo, en el caso de Norte de Santander los procesos están enfocados en el aprendizaje del arte de la cerámica, la jardinería y la restauración. 

Este modelo busca desarrollar nuevas habilidades, que permitan a la mujer acceder a ofertas de empleo formales en una empresa o fabrica, pero en caso de no lograrlo, el objetivo es “fortalecer esas pequeñas economías de las cuales vivimos todos, como la venta de un producto, de una artesanía, de un alimento, de una práctica que tengamos en nuestra casa”, con lo cual se preserva el patrimonio y se genera un ingreso, dijo la coordinadora del programa. 


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La Escuela Taller provee de las herramientas formativas, pero también financieras, puesto que da la posibilidad de optar por capital semilla para arrancar con el negocio personal. Actualmente, 60 mujeres son beneficiaras de este programa

En esencia este proyecto “trata que hablemos de los derechos de las mujeres, de promover que salgamos y tengamos una vida libre de violencias, pero también ayudar a las que no emprenden cómo pueden encontrar un empleo”, dijo Diana Ortiz.

El plan Escuelas Talleres de Colombia comprende una serie de procesos de aprendizaje técnicos laborales, que pueden durar entre 8 y 9 meses; mientras que también tienen cursos cortos que pueden durar hasta 160 horas, es decir, entre dos y tres meses, dependiendo de lo que abarque. Se espera que a partir de abril o mayo pueda empezar un nuevo ciclo de formación.

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