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Migración
El éxodo del caminante en Norte de Santander no ha terminado
Preocupa la situación financiera de los puntos de atención en la ruta de caminantes para refugiados y migrantes.
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Valentina Robles
Valentina Robles
Lunes, 15 de Abril de 2024

En Colombia, cientos de migrantes venezolanos se la juegan día a día. Los llamados “caminantes”, aquellos que van a pie por las calles y que se observan en las vías nacionales con bolsos y grandes sacos llenos de comida o ropa, están en riesgo por el posible cierre de los centros de atención.

En primer lugar, el proceso de movilidad humana que surge del país vecino no ha terminado. Según Javier Sarmiento, procurador delegado de los Derechos Humanos, alrededor de 3.000 a 5.000 personas pasan diariamente por una “trocha” cercana a la zona fronteriza de Norte de Santander.

“Nos damos cuenta de que hay más de 70 pasos informales. Evidenciamos prendas y otros elementos de menores de edad, personas pasando con carga con comercio y sin duda alguna advierte la falta de control y monitoreo por parte de las autoridades”, afirmó.

En Villa del Rosario comienza una de las rutas del migrante. Aquellos que deseen ir a Bucaramanga, Bogotá, Medellín y en algunos casos, Estados Unidos, salen de las tierras nortesantandereanas y emprenden un viaje de más de 190 kilómetros (Villa del Rosario – Bucaramanga).


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De acuerdo con la comunidad internacional, entre 2022 y 2024 han pasado más de 4.000 menores de edad no acompañados, los cuales, representan el 30 por ciento de la población venezolana migrante.

“Hemos recolectado información en Necoclí, Acandí, Capurganá, y Turbo y efectivamente, alrededor del 54% de las personas que están pasando por el Tapón del Darién manifiestan haber cruzado la frontera por Cúcuta”, señaló Sarmiento.

Ruta-migrante-trocha-Norte

Sin embargo, los migrantes no están solos en su recorrido pues entre Norte de Santander y Santander hay siete puntos de atención humanitaria, donde agencias de Naciones Unidas y organizaciones no gubernamentales ofrecen servicios gratuitos.

El primero es el CATM, ubicado en La Parada, con la Cruz Roja y la Organización Internacional para Migrantes (OIM). De ese centro al de Ayuda en Acción, localizado en el municipio de Los Patios, hay 12 kilómetros y una temperatura promedio de 25°.

“Llevo un mes caminando. Estaba en Lima, Perú. En diciembre me quedé sin trabajo y decidí irme, mi idea es salir adelante en mi país de origen, pero es muy duro, creo que lo más difícil es dormir en la calle porque el frío se siente en los huesos y es algo horrible”, contó Andrés, oriundo de Maracaibo y quien vuelve a Venezuela.


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Según lo expresado por los voluntarios de Ayuda en Acción, la situación financiera no es la mejor de todas debido a que han dejado de recibir recursos por parte de las organizaciones y al mismo tiempo no cuentan con el respaldo del gobierno local ni nacional. Por tanto, creen que en algún momento de este año van a dejar de funcionar.

La situación se repite en Chinácota, en el sector de La Don Juana, con Samaritan´s Purse, entidad que en estos momentos está solventando todos los servicios de atención básica en salud, acompañamiento en casos de violencia basada en género, kits de alimentación, alojamiento, primeros auxilios, entre otros, con su propio dinero, pero desconocen si lograrán llegar a final de mitad de año.

Una de las experiencias de vida que se pueden escuchar en el punto de Samaritan´s Purse es la de Dayana Chávez, una mujer que está caminando por sus hijo, pues tiene a un menor de 15 años en el Bienestar Familiar de Manizales y emprendió su viaje para buscarlo y reencontrarse con él.

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“Llevo 15 días caminando y es duro porque vengo reventada, con cansancio, tengo problemas en los huesos, la columna desviada, se me presentaron cosas y no quise continuar. Llegué a este lugar porque me dijeron que me podían dar comida, alojamiento, medicina y que de aquí me daban el pasaje para llegar a mi destino y la verdad es que me han tratado muy bien”, expresó.

Continuando con la ruta del migrante, el cuarto punto de atención es el de Hermanos Caminantes en el kilómetro 93 vía Cúcuta  - Pamplona con la presencia de World Vision. Allí buscan cubrir las necesidades básicas de las personas que van en tránsito, por ende, ofrecen atención materna, curso de fortalecimiento de capacidades, higiene, comida, etc.

Para María Fernanda Becerra, directora del proyecto Más Allá de las Fronteras de World Vision, la movilidad venezolana continúa, la urgencia permanece y es necesario pensar en dinámicas que orienten a la transición de esa respuesta humanitaria, donde los migrantes caminen menos y se fortalezcan los mecanismos de protección.


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“Estamos en un proceso de transición que implica la adaptación de la respuesta, no necesariamente en la ruta, sino asegurando los servicios básicos y mejorando el transporte para ellos (…) Hoy en día este punto funciona con el apoyo del Departamento de Estado de los Estados Unidos”, afirmó.

Cundo el migrante está llegando a Pamplona, encuentra una voz de aliento en la fundación Marta Duque, la cual, de enero a lo que va de abril de este año ha atendido a más de 8.000 personas, sin embargo, la situación financiera tampoco ha sido la mejor.

Marta Duque, fundadora y actual presidenta de la fundación, señaló que están preocupados porque “la comunidad internacional ya está viendo que la migración no es como al principio y están empezando a retirar todos sus recursos y ayudas para los migrantes”.

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Duque agregó que por Pamplona pasan alrededor de 120 personas diarias y que cuando hay temporadas especiales como Navidad, la cifra sube. “Hacemos un llamado al Gobierno para que realicen una revisión exhaustiva, que estén al tanto de que la migración sigue y que son niños, niñas, mujeres, hombres, seres humanos que necesitan protección”, afirmó.

Después de pasar por Pamplona, el éxodo del caminante se vuelve aún más desafiante ya que para llegar a su destino deben pasar por el Páramo de Berlín, donde las temperaturas son frías y tienen un promedio de seis grados centígrados.

El centro de ayuda más cercano queda en el corregimiento de Berlín, Santander, y la distancia entre Cúcuta y ese punto es de 140 kilómetros.

Más adelante, ya en Bucaramanga, la persona puede pasar por el Centro de Salud Morrorico donde recibirá kits alimenticios, atención materna, entre otros servicios. El migrante que llegó a ese lugar habrá caminado 198 kilómetros.

Ante la difícil situación de los puntos de atención en la ruta de caminantes para refugiados y migrantes, el procurador delegado de Derechos Humanos pidió realizar una reunión entre los gobernadores de Norte de Santander y Santander y los alcaldes cercanos a los centros de ayuda ya mencionados, pues para Sarmiento, la situación es preocupante y debe ser solucionada.


Redacción: Valentina Robles Angarita

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