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Amables lectores: corría el año 1900 y de las majestuosas instalaciones del Seminario Mayor de Pamplona, lamentablemente derruidas para construir el actual Hotel Cariongo, sale a la calle un grupo de seminaristas con sus impecables sotanas negras y su muy bien lustrado calzado negro. Entre ellos se destaca por su porte el joven Martín Carvajal, nacido en Chitagá. Con su breviario en mano va terminando las oraciones de la mañana.
De pronto, como impulsado por una fuerza superior detiene su caminar, dirige la mirada de sus almendrados ojos hacia un balcón y allí la reciben dos luceros negros, llenos de coquetería femenina, eran los ojos de la bella señorita Rosa Julia Peralta.
Cupido arma su flecha, el seminarista le envía el siguiente mensaje a la señorita Peralta: “Si usted me espera, abandono los hábitos clericales e inicio, como siempre ha sido mi deseo, los estudios de medicina”. Rosa Julia le contesta afirmativamente.
Como no hay plazo que no se cumpla, llega el 15 de abril de 1912, fecha del hundimiento del buque Titanic y se realiza la boda entre Martín y Rosa Julia. De esta unión nacen: Alonso, Rodrigo, Lope, Álvaro, Julio Martín y mi madre Susana. Alonso y Rodrigo terminaron bachillerato pero por situaciones políticas de la época no pueden ingresar a la Universidad Nacional porque eran esos años de régimen liberal.
Esa institución de educación superior era solo para jóvenes de ese partido. El abuelo Martín matricula a Alonso para trabajar en el mostrador del joven Azis Abrahim quien hacía solo un par de meses había llegado a Bucaramanga procedente del Medio Oriente habiendo sido recibido con gran generosidad por los esposos Carvajal Peralta y en su casa residía como un hijo más.
Ambos hermanos, Alonso y Rodrigo acuden donde su madre Rosa Julia y su hermana Susana quienes que con sus modestos recursos originados en sus clases de piano envían a los dos hermanos a la Universidad Central de Caracas para iniciar estudios de medicina y odontología respectivamente. Rodrigo más recursivo y presionado por el pequeño giro llegado de Bucaramanga, enamora a la dueña de la pensión mejorando la comida pero por la edad de la señora empeora la dormida. En ese tejemaneje cambia el gobierno en Colombia y Alonso puede ingresar en la Universidad Nacional y termina sus estudios de medicina.
Rodrigo con su titulo de odontólogo se instala provisionalmente en Oiba y allí forma un bello hogar con Elvira Franco. Lope el tercer hijo, sin dificultades ingresa a la Universidad Nacional y culmina sus estudios de medicina. Como anécdota política Alonso es médico personal de Laureano Gómez y fue su Ministro de Salud.
Lope es el médico personal del General Rojas Pinilla y por su gestión logra la construcción del Hospital Militar y fue su primer director. Álvaro, inteligente farmaceuta con sus mezclas de “medicamentos magistrales” obtiene cura para las flojuras y durezas de estómago.
Julio Martín, prestigioso otorrino, gran aficionado al futbol con quien compartí por T.V. el mejor mundial de este deporte “México 70”. Todavía en mis sueños lo veo tratando de imitar sin éxito las jugadas de Pelé, Tostao y Rivelino. Mi madre, Susana, una dulzura hecha mujer, reina del deporte de Santander del Sur en 1940, enamora al abogado ojiverde Carlos Humberto Yáñez Peñaranda y constituyen su hogar en estas tierras de Doña Juana Rangel.
Familias como la protagonista de esta historia existen muchísimas en Colombia. ¿Será que con esa base de gente honesta, con buenas costumbres, no podremos derrotar a los corruptos que son el mayor cáncer de Colombia?.
De pronto, como impulsado por una fuerza superior detiene su caminar, dirige la mirada de sus almendrados ojos hacia un balcón y allí la reciben dos luceros negros, llenos de coquetería femenina, eran los ojos de la bella señorita Rosa Julia Peralta.
Cupido arma su flecha, el seminarista le envía el siguiente mensaje a la señorita Peralta: “Si usted me espera, abandono los hábitos clericales e inicio, como siempre ha sido mi deseo, los estudios de medicina”. Rosa Julia le contesta afirmativamente.
Como no hay plazo que no se cumpla, llega el 15 de abril de 1912, fecha del hundimiento del buque Titanic y se realiza la boda entre Martín y Rosa Julia. De esta unión nacen: Alonso, Rodrigo, Lope, Álvaro, Julio Martín y mi madre Susana. Alonso y Rodrigo terminaron bachillerato pero por situaciones políticas de la época no pueden ingresar a la Universidad Nacional porque eran esos años de régimen liberal.
Esa institución de educación superior era solo para jóvenes de ese partido. El abuelo Martín matricula a Alonso para trabajar en el mostrador del joven Azis Abrahim quien hacía solo un par de meses había llegado a Bucaramanga procedente del Medio Oriente habiendo sido recibido con gran generosidad por los esposos Carvajal Peralta y en su casa residía como un hijo más.
Ambos hermanos, Alonso y Rodrigo acuden donde su madre Rosa Julia y su hermana Susana quienes que con sus modestos recursos originados en sus clases de piano envían a los dos hermanos a la Universidad Central de Caracas para iniciar estudios de medicina y odontología respectivamente. Rodrigo más recursivo y presionado por el pequeño giro llegado de Bucaramanga, enamora a la dueña de la pensión mejorando la comida pero por la edad de la señora empeora la dormida. En ese tejemaneje cambia el gobierno en Colombia y Alonso puede ingresar en la Universidad Nacional y termina sus estudios de medicina.
Rodrigo con su titulo de odontólogo se instala provisionalmente en Oiba y allí forma un bello hogar con Elvira Franco. Lope el tercer hijo, sin dificultades ingresa a la Universidad Nacional y culmina sus estudios de medicina. Como anécdota política Alonso es médico personal de Laureano Gómez y fue su Ministro de Salud.
Lope es el médico personal del General Rojas Pinilla y por su gestión logra la construcción del Hospital Militar y fue su primer director. Álvaro, inteligente farmaceuta con sus mezclas de “medicamentos magistrales” obtiene cura para las flojuras y durezas de estómago.
Julio Martín, prestigioso otorrino, gran aficionado al futbol con quien compartí por T.V. el mejor mundial de este deporte “México 70”. Todavía en mis sueños lo veo tratando de imitar sin éxito las jugadas de Pelé, Tostao y Rivelino. Mi madre, Susana, una dulzura hecha mujer, reina del deporte de Santander del Sur en 1940, enamora al abogado ojiverde Carlos Humberto Yáñez Peñaranda y constituyen su hogar en estas tierras de Doña Juana Rangel.
Familias como la protagonista de esta historia existen muchísimas en Colombia. ¿Será que con esa base de gente honesta, con buenas costumbres, no podremos derrotar a los corruptos que son el mayor cáncer de Colombia?.
