Era un viernes de abril, en el 2004. Carlos no esperaba que el ring… ring de su teléfono marcara su vida. Al otro lado de la bocina estaba Isidro, un campesino que lo alertó de haber encontrado un plago, como él llama a los animales que no conoce.
De inmediato se comenzó la indagación para saber de qué especie se trataba. Carlos Eduardo Hernández Mora, quien para esa fecha se desempeñaba como coordinador del Centro de Fauna Silvestre de Corponor, en El Zulia, le pidió a Isidro que le describiera el animal.
Él le dijo: “tiene garras y se parece a un zorro, pero no es un zorro, podría ser una comadreja”. Carlos preguntó ¿cómo es el pelo?, la respuesta fue: grueso y esponjado, el animal se para en dos patas y luego camina en cuatro patas.
Esa fue la pista que llevó al descubrimiento. Carlos le pidió a Isidro que le mirará los ojos y le dijera si alrededor había rayas. Tras un efusivo si, en su mente estaba la imagen de un oso de anteojos y dijo: “Isidro, cuide al animal que mañana viajo para Las Mercedes”.
A las 3 de la madrugada del siguiente día, en medio de la lluvia y el frío que son característicos de la región en época de invierno, emprendió el viaje para Sardinata y de allí hasta el corregimiento Las Mercedes, donde encontraría a ‘Juanita’, como el hijo de Isidro había bautizado al mamífero encontrado.
Carlos se bajó del auto en Las Mercedes, eran las 7 de la mañana y el clima había mejorado. Su primera mirada fue para niños que correteaban por un parque, y otros más que curioseaban donde estaba Isidro Lizarazo, en pose de guardián y custodiando una jaula.
Luego de la estirada de mano y el buenos días, Carlos se asombró al ver que el plago del que hablaban todos en ese corregimiento era un oso de anteojos, o mejor una osa, la única de tres crías que había sobrevivido a los cazadores.
Luego de la valoración de ‘Juanita’, siguió el relato de Isidro, quien contó que caminando por el corregimiento, donde el verde de la vegetación se hace intenso, escuchó como si un niño llorará. Al acercarse con un amigo que lo acompañaba a ver de qué se trataba, se perdieron en el bosque varios hombres… eran los captores de ‘Juanita’.
Se quitaron los cordones de los zapatos y amarraron a la osa bebé y la llevaron hasta el caserío. Por el camino observaron que dos oseznos también se perdían entre el monte y un animal estaba muerto, la mamá de las tres crías. Luego vino la llamada para Carlos.
Es normal que una osa tenga una cría, máximo dos… se estaba frente a un caso excepcional de la naturaleza, pero al tiempo triste porque los dos oseznos seguramente murieron. Los primeros meses de vida solo se alimentan de leche materna.
‘Juanita’ fue embarcada en el auto de Carlos y tras un viaje no tan agitado, llegó al sitio donde está próxima a cumplir nueve años de estadía, el Centro de Fauna Silvestre.
Ese sábado de abril de 2004, cuando llegó, pesaba tres kilos y medio y por los cálculos de los biólogos tenía dos meses de nacida y la pregunta era ¿cómo se va a alimentar?
En el zoológico de Cali, donde tienen experiencia con este tipo de osos, aconsejaron reemplazar la leche materna por leche de soya enriquecida y preferiblemente con sabor a miel, que enloquece a los osos.
Esa dieta duró seis meses y cada frasco de leche costaba $35.000 y en dos días ya se había acabado. Carlos la amamantaba y le sacaba los gases, cuando no lo hacía ‘Juanita’ se ponía inquieta.
Luego de los seis meses se le empezó a dar frutas, vegetales y algunos pellejitos de carne, pues en el ambiente natural de vez en cuando cazan pájaros.
A la osa se le acondicionó un área donde anda libremente. En el primer año llegó a pesar 15 kilos, al segundo 25 kilos y a partir del tercero, como las hembras de osos de anteojos no crecen tanto, llegó a los 70 kilos. Un oso macho, recuperado en el centro y devuelto a su hábitat pesa, en promedio, 250 kilos.
‘Juanita’ desarrolló la dentadura y las garras perfectamente. En su ración de frutas diarias le dan un coco, el mismo que agarra con sus dientes y lo presiona con las garras y luego lo abre para comerse la carnosidad del fruto.
Carlos recuerda que en los casi 9 años ‘Juanita’ ha hecho unas cuantas travesuras, como salirse de su área porque un árbol de guama se cayó y ella con destreza se agarró de las ramas y se salió. “Me tocó darle pan con miel y calmarla para devolverla a su hogar”.
Por el contacto que ha tenido con los humanos ‘Juanita’ seguirá viviendo en el centro, en un ambiente creado especialmente para ella.
Durante estos años, para ‘Juanita’ los momentos más felices son cuando llega Carlos y la llama: ruuuuu, ru, ru… ‘Juanita’. Ella levanta las orejas, se para en dos patas y sabe, como dice Carlos, que ha llegado su papá.
