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Editorial
‘Sin agüita pa’ mi gente’
Nada menos que en la cuna del Hombre de las Leyes, el general Francisco de Paula Santander, y en donde surgió la Constitución de Cúcuta, las normas no son respetadas ni acatadas y el derecho al agua es desacatado, sin que nada suceda.
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Martes, 26 de Septiembre de 2023

Las pomposas reuniones no deben marcar el indicativo para saber si los candidatos ganarán o no las elecciones. Deben ser sus propuestas y argumentos para superar y enfrentar problemas los que marquen la inclinación de la ciudadanía al momento de acompañarlos en las urnas.

Está sucediendo en este momento uno de esos famosos problemas que ‘envejecieron mal’ y es el del deficitario servicio de agua potable en Villa del Rosario, municipio que ha registrado un mal peor, su descontrolada expansión urbanística sin ninguna planeación.

Entonces ahí surgen dos hechos sobre los cuales el área metropolitana espera una argumentación técnica sólida y unos proyectos suficientemente preparados para hacer frente a esos dos delicados asuntos que les causan serios inconvenientes a los habitantes del municipio histórico.

Nada menos que en la cuna del Hombre de las Leyes, el general Francisco de Paula Santander, y en donde surgió la Constitución de Cúcuta, las normas no son respetadas ni acatadas y el derecho al agua es desacatado, sin que nada suceda.

En esa localidad fronteriza hay una involución en cuanto al acueducto, desatendiendo la universalidad del servicio, la cobertura, la calidad y la continuidad del suministro. En cambio, los recibos de cobro si no fallan en llegar y las operaciones de corte de los intermitentes y demorados turnos, tampoco.

Porque la lectura que surge de todo esto, es que sin la planificación y el control lo que lleva a los municipios es a perder el rumbo en el crecimiento de sus zonas habitacionales, afectando tanto a los constructores como a los dueños de las viviendas (casas y apartamentos), porque después la alcaldía y la operadora del acueducto, sacan miles de excusas.

Si hay tanta dificultad para llevarles el líquido a los nuevos conjuntos y urbanizaciones, entonces para qué la administración municipal de Villa del Rosario permite esa expansión. Aquí no se puede admitir que solamente sea por ampliar una base del predial para acrecentar las arcas y después generar estos delicados inconvenientes de salubridad.

Entonces tienen la palabra los candidatos avalados por los partidos tradicionales y otros grupos políticos, muchos de los cuales tienen responsabilidad en lo que está sucediendo, porque no ha habido una política sólida en estos dos campos que se complementan.

Ni señalarse unos a otros o evadir responsabilidades ni decir que eso no es nuevo que viene desde hace unos cuarenta años deben de ser las respuestas que se les den a los ciudadanos, puesto que a todas luces se advierte que esa deficiencia en la capacidad de cobertura es precisamente porque no se ha hecho lo suficiente para que lleguen más metros cúbicos para atender a la nueva población que se está asentando en las zonas que se han urbanizado.

Aquí no caben los pañitos de agua tibia. Se requieren grandes inversiones que entonces deberían llamar a la revisión de la concesión y notificarle al Gobierno Nacional para que la Superintendencia de Servicios Públicos también venga a ayudar y buscar salidas urgentes con operadores cercanos y, algo urgente, si el agua no alcanza para los actuales habitantes, hacer un paréntesis y no aprobar nuevos planes urbanísticos hasta que no haya una real capacidad de ofrecerles el vital servicio.

Y lo peor es que eso no es solo un problema rosariense sino de otros municipios metropolitanos, cuyas administraciones, concejales y habitantes deben asumir un rol más protagónico para superar esa complicada situación con el precioso líquido.


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