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Editorial
Embobados, idiotizados
La capacidad de autocrítica de los nortesantandereanos es nula, no existe.
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Jueves, 25 de Abril de 2019

La capacidad de autocrítica de los nortesantandereanos es nula, no existe. Tiene que venir alguien de fuera para decirnos lo que somos, o al menos parecemos a los ojos del país, porque aunque estemos hasta el cuello en el desastre, nosotros siempre creeremos que todo está bien.

Esta vez, ese alguien es Rodolfo Hernández, odiado y amado, todo al mismo tiempo, alcalde de Bucaramanga. Controvertido, lenguaraz, cultor de la procacidad como eficaz método de pedagogía política, enemigo mortal de los corruptos y de la corrupción en su ciudad, Hernández vino a Cúcuta a dictar su conferencia ‘De eso no se habla’, una demoledora catilinaria contra el crimen enquistado en todos los rincones de la administración pública.

Además, habló con La Opinión, en una entrevista durante la cual intentó, sin lograrlo, explicar su asombro porque un presidiario ‘pueda tener embobados, idiotizados a un millón de nortesantandereanos’, en referencia al exalcalde Ramiro Suárez Corzo del que, afirmó, el alcalde de Cúcuta, César Rojas ‘es un títere, eso es lo que me dicen, nunca he hablado con él’.

Hablar así, sin tapujos, sin freno, sin miedo a nada, de frente, le ha valido a este alcalde echarse encima a toda la clase política de Bucaramanga, y a todos los seguidores de los políticos tradicionales, como acá, embobados, idiotizados por dirigentes altamente cuestionables en lo ético y en lo moral.

Hernández no duda sobre dónde comienza la corrupción del sector público: en el poder Ejecutivo, ‘único que tiene chequera (…) que compra todo, reparte el poder, condiciona y mete gente en los organismos de control para quedar indemnes ante cualquier investigación que les hagan´.

Y, en realidad, este es el esquema que se repite en toda Colombia, como garantía de impunidad para los corruptos: en los órganos de control nombran y eligen a personas que hicieron parte de los cuadros de campaña del alcalde o del gobernador, a fin de que ninguna denuncia sobre corrupción prospere…

Desde luego, no toda la responsabilidad de la corrupción oficial está en los funcionarios venales. Según Hernández, el principal culpable del fenómeno ilegal es el elector, ‘porque al vender su voto —señala— está vendiendo los sueños y las ilusiones’.

Considera que en Colombia están haciendo falta quienes hablen como él, es decir, de frente y sin tapujos, porque ‘hay muchos mojigatos. Esta —la de los corruptos— es una mafia en la que todos se cubren de todo, aunque yo no puedo desconocer que hay un segmento de la clase política muy bueno, pero el 80% son unas caspas (malas personas)’.

Y tiene razón: no hay quien denuncie, porque denunciar ha sido siempre tarea de personas que terminan sacrificando o la vida o la tranquilidad, y porque denunciar es, muchas veces, una fórmula inútil, que no lleva a nada, porque la Justicia es, también, objeto de rapiña entre las mafias de burócratas.

El hecho de que la corrupción se lleve al año 50 billones de pesos indica la magnitud del fenómeno que está devorando a Colombia por sus cuatro costados, y el enorme grado de impunidad existente. Son cifras escandalosas que no dan pie para interpretar.

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