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Que coman pasteles
Si vamos a avergonzar a alguien colectivamente, hagámoslo porque se robaron $9.000 millones de una obra que debería embellecer un importante sector de la ciudad.
Miércoles, 22 de Mayo de 2024

Para los que no usan mucho las redes sociales o el algoritmo no les ha mostrado este escándalo, en los últimos días se desató Troya por cuenta de un vídeo de la influencer Hayley Baylee en Tiktok, en el que sincroniza los labios con un audio viral que dice “que coman pasteles”, mientras está regiamente vestida para asistir a la MetGala con un outfit que da vibes de María Antonieta.

Estas infames palabras se le atribuyen (sin certeza) a María Antonieta, porque supuestamente, en una época de escasez de alimentos en la que la gente se quejaba porque no tenía ni para comer pan, ella les respondió “pues que coman pasteles”.

Varios siglos después, los buenistas de Tiktok se indignaron porque la influencer asistió a la MetGala con un lujoso vestuario y ornamentos, mientras que al mismo tiempo se vive la crisis humanitaria en la Franja de Gaza. Lo que no puedo comprender es ¿Cómo es posible que nos importe más la indiferencia de una celebridad o influencer, que ni siquiera sabe de nuestra existencia, hacia temas como el conflicto en Gaza, el cambio climático o la hambruna, en lugar de preocuparnos por la conciencia de nuestros dirigentes? Deberíamos enfocarnos en cómo sus malas decisiones afectan directamente nuestro bolsillo, nuestra integridad y nuestra salud.

Esto se ha dicho muchas veces: Si le exigiéramos a los políticos como les exigimos a los futbolistas, y en este caso, a los influencers, el mundo sería mejor. Pero no, parece que hasta para despertar el inconsciente colectivo tenemos que ser superfluos y banales. Muchos (hasta en estas calurosas tierras) se indignaron por el ‘que coman pasteles’ de Haley, pero ¿cuántos conocen la realidad de su país, de su región? ¿A cuántos les importa?

Siempre ha habido un estilo de vida opulento de algunos (clases, grupos, personas, partidos, etc.) en medio de un ambiente de tensión, pobreza, tragedia. No es novedad. Los candidatos se desplazaban en el departamento durante campaña electoral con camionetas y atravesaban ríos con tal de hacer sus eventos y reuniones para cautivar votos, a pesar de que había 140 familias damnificadas con la tragedia de El Tarrita, por ejemplo.

Y no es que ahora se critique que las personas quieran ser más conscientes del poder que le otorgan a las celebridades, además, porque nuestras vistas, me gusta y comentarios, aumentan la capacidad de hacer dinero de dichos artistas; sino que intentemos empezar a buscar la coherencia en los lugares donde más impacta: en la política.

Si vamos a avergonzar a alguien colectivamente, hagámoslo porque se robaron $9.000 millones de una obra que debería embellecer un importante sector de la ciudad, o porque prometió dignidad y entregó unos carrotanques de agua usados y con sobrecostos en una comunidad vulnerable, o porque financian sus campañas con dineros del narcotráfico e implícitamente agudizan la situación de inseguridad, o porque venden las pensiones de los jóvenes a cambio de puestos y plata para comprar una tercera, cuarta o quinta mansión.

Si va a derramarse polémica, que se derrame sobre los que más daño nos hacen, no sobre un montón de gente cuyo único pecado es ser superflua y darnos el contenido que tanto nos gusta en redes sociales (lujos, viajes, moda, skincare, belleza, fitness, etc.)

Ají: El Presidente Petro nos dice todos los días “que coman pasteles”, pero como lo dice con discursos significativos y llenos de eufemismos, no sentimos que esté alejado de las dificultades de la gente común.


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