La Opinión
Suscríbete
Elecciones 2023 Elecciones 2023 mobile
Columnistas
Las alas de Ícaro
Se requiere disciplina -como la de Ícaro- para desarrollar la excelencia, depurar lo superficial, ir más allá de la vanidad y generar la armonía perfecta entre razón y sentimientos.
Authored by
Lunes, 19 de Abril de 2021

Cuando el ser humano aprende a volar, entiende la ruta migratoria de las aves y sabe cómo superar los vacíos: fue la lección que le dejó Ícaro, quien se aproximó al sol y, aunque perdió sus alas, se nutrió de luz.

Ícaro quería conocerlo todo, sin sujetarse a límites estrechos e ingresar a la dimensión universal del alma: no le importaron sus alas de cera, ni las advertencias de su padre Dédalo, sino su intuición de lo supremo. 

Así suele ocurrir a la razón: encuentra una resistencia semejante a la del viento al pájaro que pretende volar libre; pero, igual que él, a medida que halla su ruta sensata, asciende con ideas aladas.

Y, entonces, otorga calidad a su espacio y a su tiempo, deduce profundamente, siembra su vida de esperanza y engendra una sabiduría íntima, coherente con el don de poseer la savia de la inteligencia. 

Se requiere disciplina -como la de Ícaro- para desarrollar la excelencia, depurar lo superficial, ir más allá de la vanidad y generar la armonía perfecta entre razón y sentimientos, rotando, legitimando y arraigando los principios vitales. 

Porque para crecer intelectualmente, es imprescindible una identidad derivada de la espiritualidad, la cual se alcanza -únicamente- cuando se piensa con dignidad y decencia, con la madurez de los privilegiados.

Corolario: Ha de desarrollarse un proceso fundamentado en el estudio, para cultivar un conocimiento útil, libre, que no imponga, sino sugiera, una conducta cosechada desde la autenticidad hacia un orgullo ético personal. 

Temas del Día