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La justicia burlada
La descomposición social de este país es tan grave que una orden de un Tribunal es motivo de burla.
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Miércoles, 5 de Mayo de 2021

De las redes sociales: Salió la gente a protestar por un mejor país, y demostraron que lo que necesita este país es mejor gente.

El Tribunal Administrativo de Cundinamarca, mediante auto del 27 de abril, emitió una medida cautelar provisional mediante la cual ordenaba aplazar las manifestaciones convocadas para el 28 de abril y el 1° de mayo dentro de un paro nacional en contra de la Ley de Solidaridad Sostenible, llamada por la prensa Reforma Tributaria, proyecto que el 2 de mayo anunció retirar el  Gobierno Nacional de la consideración del Congreso de la República. La ponencia de la medida cautelar correspondió a la magistrada Nelly Villamizar Peñaranda, por cierto, nuestra paisana, cucuteña.

Dijo, en sustancia, la magistrada: “Para la imposición de la medida, este despacho observa que los hechos que las diferentes noticias emitidas por los diferentes medios de comunicación, dada su notoriedad, evidencian la inminencia de la ocurrencia de un daño grave ante el riesgo inminente de afectación grave a los derechos a la salud, a la vida y a la salubridad pública…”  Los hechos a que alude la providencia son los datos sobre personas contaminadas de coronavirus, personas recuperadas y los más de 70000 fallecidos.

Si los convocantes del paro hubieran leído esta bien sustentada pieza jurídica – y la hubieran acatado - se habrían evitado los destrozos, incendios, asaltos, saqueos, interrupción del tráfico urbano e intermunicipal, la pintada con grafitis de edificios públicos, el impedimento del trabajo a médicos y de suministro de oxígeno a pacientes en clínicas y hospitales, el derribo de la estatua de Sebastián de Belalcázar en Cali por un grupo de indígenas, y policías heridos, tragedias todas ocurridas principalmente en Bogotá, Medellín y Cali, ciudades que curiosamente tienen alcaldes izquierdistas, como los convocantes del paro.

La descomposición social de este país es tan grave que una orden de un Tribunal es motivo de burla, y no hay quien la haga cumplir. Y, más grave aún, entre los incursos en el irrespeto estaba el sindicato del poder judicial.

La situación -  casi imploraba la magistrada -  no está para aglomeraciones, por el peligro del contagio, pues no era posible garantizar las medidas de bioseguridad. Para hacer los reclamos existen hoy las redes sociales.

Casualmente leí en estos días en Internet un artículo reproducido por el diario El País, de España, suscrito por un eminente escritor ucraniano, Arilond Ocorvoj Tadoorl, autor del libro “Las protestas sociales y las plataformas digitales”. “Sin embargo – afirma el polígrafo  - predomina un rechazo atávico por las nuevas tecnologías en algunos sectores de opinión, que se inclinan más por los medios primitivos de expresión, ya superados, arcaicos y de poca aceptación por las sociedades civilizadas. El garrote, las bombas, la metralla y la piedra deben ser sustituidos hoy por el debate a través de las numerosas y democráticas redes sociales”. Es decir, la inteligencia en lugar de la brutalidad. ¿Acaso don Arilond vino a Colombia y vio tanto salvajismo?

orlandoclavijotorrado@yahoo.es

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