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¿A dónde nos vamos?
No podemos olvidarnos de la política sólo porque ya se eligieron alcaldes y gobernadores, el poder nacional es importantísimo: este es un país profundamente centralista así nos quieran convencer de lo contrario.
Sábado, 11 de Mayo de 2024

Si los partidos han caído en desgracia, ¿qué podemos hacer los ciudadanos para participar en política? Y cuando me refiero a desgracia, quiero decir una peor que la de Karol G con ese terrible outfit en la MetGala. Con el montón de personerías jurídicas nuevas que dio el CNE el año pasado se abrió la puerta para que mucha gente nueva y con ganas de transformar (para bien) el país participara, sin desconocer que muchos politiqueros de vieja guardia se reencaucharon allí. Este año, el Consejo de Estado ya tumbó un partido (Fuerza Ciudadana) y están en riesgo cuatro más (En Marcha, Independientes, Salvación Nacional y Soy Porque Somos).

Lo anterior es inquietante porque muchos se están quedando sin opciones para 2026, y claro que debe preocuparnos porque en menos de dos años estaremos eligiendo Congreso y Presidente.

No podemos olvidarnos de la política sólo porque ya se eligieron alcaldes y gobernadores, el poder nacional es importantísimo: este es un país profundamente centralista así nos quieran convencer de lo contrario.

Mientras se distiende un poco la polarización política, quisiera decir a los lectores de izquierda, centro y derecha, que ya estamos de acuerdo en lo fundamental, no sigamos enfrascándonos en narrativas que no aportan nada y nos dividen mucho.

Estamos de acuerdo en lo fundamental y es que no queremos que haya personas que tengan que caminar 5 horas para conseguir una gota de agua, en que ningún adulto mayor debería vender bonice a pleno sol por $200 que le dan por unidad, en que los niños no deberían jugar en canales de aguas negras porque no hay alcantarillados en las zonas periféricas de nuestras urbes…en eso estamos total y completamente de acuerdo.

Pero necesitamos del poder político y del poder económico, porque ni por ley ni por decreto no se van a solucionar los problemas estructurales de este país. Necesitamos que el país sea viable, y que las ideas y proyectos de superación de vulnerabilidad de millones de personas se hagan a través de una mejor priorización de los recursos en lugar de metiéndole más adentro la mano a la gente, en el bolsillo claro está.

Porque al prohibir que las empresas despidan a trabajadores cuando sus márgenes de utilidad o productividad no alcanzan, no estamos transmitiendo el mensaje correcto. Porque al diseñar una ley para definir las condiciones laborales, no vamos a lograr que la señora que vende papas en un mercado campesino reciba un salario integral, incluyendo las horas extra que trabaja montando su puesto desde las 3 a.m. Y al imponer normas urbanísticas que exijan un parqueadero en todas las unidades residenciales, en nombre de la dignidad, no vamos a lograr que las personas más pobres tengan los 20 millones adicionales que ahora costará su apartamento gracias al parqueadero. Y así, y así, y así.

Estamos de acuerdo en lo fundamental, pero con el debate que surgió esta semana (hechos de corrupción protagonizados por el Partido Verde), es necesario preguntarnos por los mecanismos de participación.  La gente que quiere participar en política no tiene dónde hacerlo sin ser moralmente linchada. Si se unen al conservador, liberal, la U o Centro Democrático, les dirán que se aliaron con los culpables de todas las desgracias. Si van al Pacto Histórico, los llamarán resentidos comunistas, y si van al Verde, serán vistos como petristas camuflados. Y así sucesivamente.

Entonces, si Colombia tiene un sistema democrático de partidos y todos los partidos son considerados una ratonera, ¿a dónde vamos? ¿Recoger firmas? Recordemos a los candidatos independientes de la elección pasada y pensemos si realmente encarnaron la moral y la honestidad.

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