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Breve historia de la Ley 100
El nuevo sistema llenaba las arcas de empresarios y políticos acompañados por capitales extranjeros que aprovecharon la inexperiencia en materia de reglamentación nueva en salud.
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Lunes, 13 de Mayo de 2024

Agonizaba el siglo XX y en los estertores de su última década vino al mundo el anunciado redentor de la salud de los colombianos....había quedado atrás un sistema estatizado y manejado por manos “FINAS” que se encargaron de darle digna sepultura.

Nació la ley 100 de la mano del latifundista dueño del “Ubérrimo” y su séquito de aduladores que se encargaron de transformar el inicuo e ineficiente sistema de salud. No era ineficiente. Era abusivo pero funcionaba y cubría las necesidades en materia de salud de los colombianos del común. Los estratos altos  tienen su propio tratamiento  en materia de salud. Son caso aparte y lo siguen siendo.

El cuerpo de trabajadores de la salud tenía un tratamiento laboral decente según las normas del código respectivo. El servicio era eficiente y oportuno sin las afugias que lo caracterizaron después. Los trabajadores de la salud se sentían bien remunerados y oficiaban con esmero.

El nacimiento de la nueva reglamentación atrajo el enjambre de empresas prestadoras de salud que se dedicaron al recaudo del efectivo por orden presidencial; las más débiles e improvisadas no tardaron en caer y empoderar a las de arriba. Muy poca y débil la reacción de la justicia. Quedaban en el pavimento clínicas, pacientes, personal médico y paramédico, casas farmacéuticas y un sinnúmero de trabajadores de la salud engañados por un sistema capitalista abusivo y egoísta. El nuevo sistema llenaba las arcas de empresarios y políticos acompañados por capitales extranjeros que aprovecharon la inexperiencia en materia de reglamentación nueva en salud.

Los inicuos manuales tarifarios diseñados sin el concurso profesional del cuerpo médico se impuso lanzando por el suelo criterios académicos y científicos productos del rigor investigativo de centurias que quedaron al vaivén de caprichos económicos y egoístas del mercado de la salud.

La sana intención de un nuevo orden, en materia de salud,  desafortunadamente, se ha visto empañada por intereses de uno y otro lado tanto políticos como económicos que ojalá no terminen perjudicando al indefenso pueblo que alguna vez pensó, ingenuamente, que había llegado la redención en materia de salud.

Seguirán, desafortunadamente, en contubernio los grandes capitales y los hacedores de las leyes, manejando a su antojo el bienestar y la salud  de un conglomerado que todavía espera que le cumplan con lo que alguna vez alguien (alguna) dijo que íbamos a disfrutar de un mejor país...y a vivir sabroso…


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