*Cristian Stapper Buitrago
El deceso de Miguel Uribe, víctima de la maldad, la vileza y la miseria espiritual de algunos, produce un dolor inmenso. Expresamos nuestra solidaridad permanente a su familia.
La última vez que conversé con él, me dijo que nos reuniéramos el lunes siguiente. Las balas lo impidieron.
Miguel siempre estaba feliz. Era buen hijo, buen esposo y buen padre. Aun a sabiendas de que atravesábamos uno de los momentos más difíciles de la República, no perdía la alegría. Sabía que luchaba por un futuro mejor para todos. ¿Cómo no ser feliz si sabía que su familia, que hoy lo llora, siempre lo esperaba, si su lucha diaria y el esfuerzo cotidiano no tenían otro fin que la defensa de la democracia y del Estado de Derecho?
Alguien dijo, a secas, hace meses, que Miguel “no podrá…”. Se equivocaba. Miguel no nos acompaña físicamente, pero podrá. Siempre podrá. Podrá más que nunca, por encima de quienes no quisieron que fuera así.
No hay duda: hay quienes quieren que perdamos la esperanza, que seamos dóciles frente al terror, que nos inclinemos, ciegos y temerosos, ante los designios de los enemigos de Colombia; que nos entreguemos; que aceptemos como irremediable un futuro de esclavitud y servidumbre.
Desde la oscuridad, se burlan de lo que es sagrado para todos porque creen que así imponen su “orden” basado en el miedo y la miseria. Quieren que pensemos que siempre estuvimos equivocados; que lo que es bueno es, en realidad, malo, y viceversa; que no hay gente de bien; que Colombia no tiene una historia de victorias, luchas y sacrificios comunes, sino una serie irreducible de fracasos.
Quieren que creamos que hay pobreza porque hay ricos y que debemos obedecer a un dogma —el suyo— que exige que nos odiemos unos a otros en un continuum interminable del que hacen depender su vigencia.
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Pretendieron “borrar” a Miguel y lo hicieron inmortal, mientras los violentos se hacen más pequeños, insignificantes, pasajeros, accidentales.
El mejor homenaje ante su sacrificio supremo es mantener la esperanza, proscribir el discurso de odio, oponer la unión a la división entre hermanos y ofrecer un futuro compartido en armonía, donde se reproche lo ilegal y se premien las buenas acciones.
Ahora, eterno, Miguel seguirá luchando por Colombia y podrá enfrentar el odio y la maldad sin la fragilidad humana, ya libre de la caducidad de la vida.
Nos unen con él, para siempre, muchas cosas, que son las que nos hacen también sentir orgullosos de ser colombianos, a pesar de todo. Hoy, con tristeza y dolor, pero también con gratitud, oramos por su alma inmortal.
Texto de Cristian Stapper
Abogado y doctor en Derecho de la Universidad Sergio Arboleda, especialista en Derecho de los Negocios de la Universidad Externado de Colombia, magíster en Economía y Regulación de los Servicios Públicos de la Universidad de Barcelona (España), y Ph.D en Derecho de la Universidad de Salamanca (España).
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