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“Aquí me ganaba $1′800.000 y allá $14 millones”, soldado colombiano sobrevivió a las trincheras en guerra de Ucrania
Audel Rojas, oriundo de Villavicencio, relató cómo fueron sus días en el frente de guerra de Donbás, combatiendo a las tropas de Rusia. Viajó buscando mejor estabilidad económica.
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Colprensa
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Lunes, 27 de Mayo de 2024

Cinco meses en el frente de guerra entre Ucrania y Rusia le dejaron a Audel Hernán Rojas Beltrán los recuerdos de sus primeras bajas en combate, nuevas oportunidades laborales y una oferta equivalente a $400 millones de pesos por su cabeza.

El soldado de 25 años, nacido en Villavicencio (Meta), sobrevivió para contar la historia de un conflicto que ajustó dos años y tres meses, con 10 millones de desplazados, 7.200 civiles asesinados, según la ONU; y 13.000 uniformados de Ucrania y cerca de 140.000 rusos muertos, de acuerdo con las cifras que cada Gobierno trata de matizar.

El 18% del territorio ucraniano está ocupado por tropas de Vladimir Putin, quien ordenó una nueva ofensiva para tomarse a Járkov, la segunda ciudad más grande del país.

En medio de esta situación, El Colombiano conversó con Rojas, quien participó en esa guerra entre noviembre de 2023 y marzo de 2024. “Si la situación sigue así, Ucrania podría resistir unos dos o tres años más. Es urgente que retomen las negociaciones”, dijo.

“El riesgo es igual al de aquí”

Audel es huérfano de padres y fue criado por su abuela. Tiene una bebé de un año y medio, producto de una relación que terminó en divorcio. Es un hombre de naturaleza solitaria, escasos amigos y grandes deseos de explorar el mundo.

Se unió al Ejército colombiano a los 20 años de edad. “No hice ninguna especialidad, solo el curso de lancero. Era un soldado común”, acotó.

Hizo patrullajes en la convulsa Mapiripán y perteneció al Gaula Militar en Granada (Meta), donde fue amenazado por incautarle 600 kilos de cocaína al Clan del Golfo en el sector Rincón del Indio. Esa fue la experiencia más amarga en su patria.


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En 2023, cuando la invasión rusa estaba en apogeo, tomó la decisión de partir. “Vi la convocatoria por redes sociales y luego un documental. Así me convencí. El riesgo allá es igual al de Colombia, solo que pagan mejor. Aquí me ganaba $1′800.000 y allá $14 millones, además yo sabía que eso me abriría muchas puertas después”, relató.

Viajó a Polonia el 1 de noviembre y el día 18 firmó su contrato en el batallón Karpatska Sich, compuesto por voluntarios ucranianos y legionarios extranjeros. “No sabía ningún otro idioma, pero allá habían 200 colombianos y usaba el traductor del celular”.

Le asignaron la defensa de la región del Donbás, bajo la intensa nieve y las lluvias de morteros y drones suicidas.

Audel, que durante sus años en Colombia nunca tuvo un combate, recibió en diciembre su bautizo de sangre. “Nos estaban atacando y yo agarré un lanzacohetes RPG y disparé. No alcancé a ver cuántos maté, debieron ser por ahí cinco”, recordó.

En ese combate, según su relato, murieron 400 rusos, mientras que cinco colombianos fallecieron y 45 quedaron heridos.

Su peor experiencia fue durante una extracción de cadáveres. “Estábamos evacuando cuatro muertos en una carretilla, era muy difícil porque se quedaba atascada en la nieve. Los rusos nos detectaron y empezaron a dispararnos morterazos y misiles. Una esquirla se clavó en mi casco y casi me desconecto, quedé en shock, como un ataque de pánico. Pensé en mi hija y eso me dio fuerza para escapar”.


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Un día en la trinchera

La rutina en el batallón ucraniano era muy diferente al de los colombianos, donde los soldados tienen que madrugar a formarse para recibir la instrucción. Allá el sistema de trabajo es más independiente, según Audel.

Cada soldado permanece en su “apartamento”, es decir, las casas abandonadas que deja la comunidad, algunas en ruinas y otras en buen estado.

“Ahí uno se la pasa viendo películas por el celular, cocinando y llamando a la familia, pero siempre tiene que estar disponible para cuando lo llamen a la trinchera. A mí me tocaron diez trincherazos”, narró Audel.

Las trincheras en Donbás son zanjas excavadas en la tierra, de unos 50 metros de largo, cinco metros de ancho y cuatro de profundidad, con capacidad para 50 militares.

En los extremos y en el centro hay cambuches en los que pernoctan cinco personas, fabricados con troncos de pino y cubiertos de ramas.


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Los militares pueden pasar hasta una semana atrincherados, antes de ser relevados. Comen solo una vez al día, para no producir mucho excremento, y defecan en bolsas plásticas; cocinan en una pequeña estufa de gas y distraen el hambre con mecato de paquetes, como papitas.

La mayoría del tiempo están revisando el armamento, mirando el terreno con visores nocturnos y resistiendo a plomo las avanzadas rusas. Audel, además, chequeaba la salud de sus compañeros, ya que estudió un curso de auxiliar de enfermería en la U. Cooperativa de Villavicencio.

“La infantería rusa tiene muy poco entrenamiento, son borrachos e indisciplinados. Ellos no son nada sin sus tanques y morteros. En cada combate mueren muchos y sus compañeros nunca los recogen, los cadáveres quedan tirados por ahí, y los tapa la nieve”, explicó Audel.

Según él, “los colombianos hemos sido la piedra en el zapato de los rusos, por eso ofrecen plata por matarnos. Nosotros combatimos mucho. Los ucranianos siempre que nos ven en la pelea dicen: ¡colombisky, you are crazy, man!”.

En enero se dio cuenta que en chats de la tropa enemiga estaban ofertando el equivalente a $400 millones por su cabeza. Audel se hizo muy visible en el frente de guerra, porque grababa videos promocionando en redes sociales el reclutamiento para las Fuerzas Militares de Ucrania.

Por su desempeño, recibió una mejor oferta laboral en Dubai. Dejó atrás la trinchera y ahora hace parte de un comando especial de mercenarios que captura criminales en distintos países, al estilo de los cazarrecompensas.

Sobre el futuro de la guerra, no ve cercana la solución. Él cree que pronto Ucrania recibirá la autorización de usar las armas donadas por la Otan para atacar objetivos militares en suelo ruso, algo prohibido hasta ahora.

No es lejano su pronóstico, pues la semana pasada el secretario General de ese organismo, Jens Stoltenberg, pidió a las naciones aliadas que levantaran esas restricciones.

“Si eso pasa, pueden ocurrir dos cosas - dijo Audel-, que los rusos acepten negociar, o que empiece la tercera guerra mundial”.

Con información de El Colombiano*


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