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El pasado 30 de junio se cumplieron cien años del natalicio del expresidente Alfonso López Michelsen, un hombre polifacético que cautivó la admiración de muchos colombianos desde el punto de vista intelectual, que es donde me quiero detener, previo examen de sus ancestros.
La familia López no ha tenido desde siempre la hidalguía que hoy le conocemos los colombianos, pues don Jerónimo López -tatarabuelo de Alfonso-, durante la Colonia fue el sastre de los Virreyes; Ambrosio, hijo de don Jerónimo, y bisabuelo de López Michelsen, fue el fundador de la Sociedad de Artesanos a mediados del siglo XIX, lo apodaban el “Mutero” López y protagonizó en Bogotá episodios históricos como la coacción al Congreso con sus socios para definir la elección del presidente José Hilario López. Don Ambrosio dejó escrita en pocos renglones su biografía: “Nací en Bogotá en 1809, mis padres Jerónimo López, de Bogotá, maestro de sastrería; mi madre Rosa Pinzón, de Vélez, chichera y panadera,…”. Pedro Aquilino López Medina -conocido como Pedro A. López-, hijo de Ambrosio y abuelo de López Michelsen, se inició en la vida como empleado de los Samper, en Honda, Tolima, donde, como buen observador aprendió el negocio y llegó a ser un destacado comerciante y banquero, habilidades que heredó y luego lo distanció de su hijo Alfonso López Pumarejo. Con don Pedro empezó la prosperidad económica de los López, que luego se afianzó con el matrimonio de su vástago con María Michelsen Lombana.
En 1953 López Michelsen publicó su novela Los elegidos, para fustigar con ironía y mordacidad a quienes lo criticaron por lo de la Handel, donde se identifican fácilmente personas y lugares. Describe el barrio La Candelaria como “el mundo postizo de La Cabrera”, aparece Jorge Eliécer Gaitán “con su pronunciación de lustrabotas”, el Atlantic Club es el Jockey Club y otros personajes como Camilo de Brigard, Enrique Caballero Escobar, Luis Soto, la Cervecería Bavaria, etc., tan solo que, como dice J. J. García, ese “mundo postizo de La Cabrera era el mundo de Alfonso López Michelsen; los personajes, hombres y mujeres, son sus amigos; los clubes son sus clubes y los privilegios eran sus privilegios”.
En 1945 publicó su obra El Estado fuerte, que luego fue reeditada como Introducción al estudio de la Constitución de Colombia, que aún se estudia con provecho en la cátedra de Derecho constitucional general. La tesis de López es interesante, pues inicia criticando a nuestros tratadistas porque el estudio de nuestro derecho fundamental o público lo hacen en forma “deficiente”, porque toman como punto de partida la Constitución de Cundinamarca de 1811 y de esta manera el estudio de nuestras ideas políticas se reduce al análisis único de la vida republicana, con lo cual contradecía a viejos constitucionalistas, como José María Samper, quienes afirmaban que como no se había expedido ninguna Constitución escrita antes de la Independencia, el Derecho Constitucional no había hecho sus aparición en nuestro suelo sino hasta el siglo XIX. En esta obra nos enseñó que el estudio había que hacerlo a partir de las Leyes de Indias, vigentes hasta 1810, que él estudió minuciosamente.
La Universidad Libre y la Academia Colombiana de Historia, de las que fue docente y miembro, respectivamente, acaban de honrar la memoria del expresidente López Michelsen con una obra interesante y amena, confiada a Benjamín Ardila Duarte: El profesor Alfonso López Michelsen: constitucionalista y hombre de Estado. Lo cierto es que sus prosas jurídicas y literarias seguirán siendo estudiadas por mucho tiempo.
olgergarcia@hotmal.com
La familia López no ha tenido desde siempre la hidalguía que hoy le conocemos los colombianos, pues don Jerónimo López -tatarabuelo de Alfonso-, durante la Colonia fue el sastre de los Virreyes; Ambrosio, hijo de don Jerónimo, y bisabuelo de López Michelsen, fue el fundador de la Sociedad de Artesanos a mediados del siglo XIX, lo apodaban el “Mutero” López y protagonizó en Bogotá episodios históricos como la coacción al Congreso con sus socios para definir la elección del presidente José Hilario López. Don Ambrosio dejó escrita en pocos renglones su biografía: “Nací en Bogotá en 1809, mis padres Jerónimo López, de Bogotá, maestro de sastrería; mi madre Rosa Pinzón, de Vélez, chichera y panadera,…”. Pedro Aquilino López Medina -conocido como Pedro A. López-, hijo de Ambrosio y abuelo de López Michelsen, se inició en la vida como empleado de los Samper, en Honda, Tolima, donde, como buen observador aprendió el negocio y llegó a ser un destacado comerciante y banquero, habilidades que heredó y luego lo distanció de su hijo Alfonso López Pumarejo. Con don Pedro empezó la prosperidad económica de los López, que luego se afianzó con el matrimonio de su vástago con María Michelsen Lombana.
En 1953 López Michelsen publicó su novela Los elegidos, para fustigar con ironía y mordacidad a quienes lo criticaron por lo de la Handel, donde se identifican fácilmente personas y lugares. Describe el barrio La Candelaria como “el mundo postizo de La Cabrera”, aparece Jorge Eliécer Gaitán “con su pronunciación de lustrabotas”, el Atlantic Club es el Jockey Club y otros personajes como Camilo de Brigard, Enrique Caballero Escobar, Luis Soto, la Cervecería Bavaria, etc., tan solo que, como dice J. J. García, ese “mundo postizo de La Cabrera era el mundo de Alfonso López Michelsen; los personajes, hombres y mujeres, son sus amigos; los clubes son sus clubes y los privilegios eran sus privilegios”.
En 1945 publicó su obra El Estado fuerte, que luego fue reeditada como Introducción al estudio de la Constitución de Colombia, que aún se estudia con provecho en la cátedra de Derecho constitucional general. La tesis de López es interesante, pues inicia criticando a nuestros tratadistas porque el estudio de nuestro derecho fundamental o público lo hacen en forma “deficiente”, porque toman como punto de partida la Constitución de Cundinamarca de 1811 y de esta manera el estudio de nuestras ideas políticas se reduce al análisis único de la vida republicana, con lo cual contradecía a viejos constitucionalistas, como José María Samper, quienes afirmaban que como no se había expedido ninguna Constitución escrita antes de la Independencia, el Derecho Constitucional no había hecho sus aparición en nuestro suelo sino hasta el siglo XIX. En esta obra nos enseñó que el estudio había que hacerlo a partir de las Leyes de Indias, vigentes hasta 1810, que él estudió minuciosamente.
La Universidad Libre y la Academia Colombiana de Historia, de las que fue docente y miembro, respectivamente, acaban de honrar la memoria del expresidente López Michelsen con una obra interesante y amena, confiada a Benjamín Ardila Duarte: El profesor Alfonso López Michelsen: constitucionalista y hombre de Estado. Lo cierto es que sus prosas jurídicas y literarias seguirán siendo estudiadas por mucho tiempo.
olgergarcia@hotmal.com
