Luego de un camino empedrado, rodeado de altísimos árboles que hacen resplandecer las luces y las sombras rumbo a la cumbre, está Siete Chorros, un silencioso y pequeño balneario, ubicado en Salazar de las Palmas.
En un tibio paraje, el agua helada refresca a los caminantes que se atreven a pasar bajo las siete regaderas.
El lugar es frecuentemente utilizado para los recorridos familiares y religiosos, ya que allí está también el santuario de Nuestra Señora de Belén.
Este último, permanece envuelto en las sombras que dejó el fuego de las velas encendidas por los fieles, quienes llegan al encuentro de la virgen para susurrar sus plegarias, o agradecer por los favores que dicen recibir de la patrona de Salazar.
De hecho, en una de las paredes laterales del sitio hay decenas de placas y milagros colgados como símbolos de gratitud.
Mientras tanto, el agua cae haciendo el único estruendo del lugar que, si bien es divertido y atractivo para los turistas, también es un punto de máximo respeto entre los creyentes.
La Opinión