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Editorial
Carretera y soberanía
Es la vía estratégica más importante del país. Pero, al mismo tiempo, es la más abandonada. Es casi inexistente, a pesar del esfuerzo del Ejército por mantener en el mejor estado posible algunos tramos.
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Viernes, 12 de Junio de 2015


Es la vía estratégica más importante del país. Pero, al mismo tiempo, es la más abandonada. Es casi inexistente, a pesar del esfuerzo del Ejército por mantener en el mejor estado posible algunos tramos.

Llamarla Carretera de la Soberanía no deja de ser una especie de broma que al habitante de esta zona limítrofe siempre le dejará un sabor desagradable. ¿Cómo se le puede llamar así a una vía que revela tanto desapego centralista por la región limítrofe con Venezuela?

Si nuestra soberanía es como la carretera que recibe su nombre, pocas son las dudas de que estamos muy mal en cuanto a ejercer la autoridad suprema del Estado.

Según testimonios de transportadores que hasta hace algún tiempo la recorrían en medio de dificultades, la carretera es, en realidad, en su mayor parte, una trocha con tramos como del camino de herradura que fue inicialmente a comienzos del siglo pasado.

Desde hace más de cien años, esta carretera ha sido la única opción de entrada a las ricas tierras del Sarare, una zona de un potencial agropecuario aún desconocido, y la más importante vía de comunicación a lo largo de la zona fronteriza entre Cúcuta y Arauca.

Desde los años 20, los ganaderos de los Llanos Orientales buscaron la manera de enviar sus reses a Cúcuta y la costa norte por el camino que hoy es la carretera, pero, también desde entonces, tuvieron como alternativa algunas rutas de Venezuela. Entonces no había, como ahora, las dificultades de abastecimiento de alimentos en el vecino país ni las razones políticas que cada día ensanchar la brecha de la amistad.

En los 30, comenzaron a aventurarse algunos camiones, que tardaban varios días en recorrer los 150 kilómetros que distancian a La Lejía de Saravena. La vía es más larga, pero son estos 150 kilómetros, precisamente, los que más necesitan todo el apoyo gubernamental.

Lamentablemente, con 116 mil millones de pesos no se podrá hacer nada más que pavimentar el tramo de 24 kilómetros entre Cubará (Boyacá) y Saravena (Arauca), algo a lo que está dedicado todo un cuerpo de ingenieros militares.

Para tener una vía adecuada, que de verdad refleje lo que significa soberanía, se requiere de una suma billonaria, que deberá ser invertida, quiérase o no, a riesgo de ceder aún más en lo estratégico frente al vecino país.

Desde luego, hoy es necesario un nuevo trazado: el actual no es adecuado, y menos desde cuando la vertiente oriental de la Cordillera comenzó a desmoronarse, como se demuestra con todo lo que está pasando desde hace algunos años en la zona aledaña a San Bernardo de Bata. Los daños ocurridos allí por la filtración del agua en la tierra son, al parecer, irreversibles, a menos que deje de llover durante un tiempo largo.

De no ser así, el tránsito de personas entre Arauca y Cúcuta, y viceversa, será siempre por rutas venezolanas, con los riesgos que eso implica para la seguridad de los colombianos por la situación política al otro lado de la frontera. En realidad, ese es un viaje muy rápido, más corto en varias horas que si se hiciera por nuestra vía.

Pero, en las últimas semanas, la carga tiene que hacer un rodeo largo y muy costoso, por la vía de Yopal-Sogamoso (Boyacá)-Bucaramanga, que demora casi dos días y encarece los fletes.

Así que cualquier cosa que se haga en favor de esta vía será definitivamente un acto de soberanía y una solución para tantos problemas que afrontan los habitantes de la zona, unos 30 mil, que siempre se han sentido abandonados.

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